Uno no alcanza la santidad solo, por lo que en esta búsqueda, el Señor Dios pone en nuestro camino personas que son un regalo para nosotros y para quienes nosotros también somos un regalo en su camino. No fue distinto en las vidas de Sor Faustina y el Padre Miguel Sopoćko. Estaban unidos en la tierra por una misión común, para cuyo cumplimiento se necesitaban mutuamente.
En el Diario leemos:
Le pido a Jesús que conceda estas gracias a otra
persona, porque yo no sé aprovecharlas y solamente las malgasto. Jesús, ten compasión de mí, no me encomiendes cosas tan grandes, ves que soy un puñado de polvo inútil.
Sin embargo la bondad de Jesús no tiene límites, me prometió una ayuda visible en la tierra y [la] recibí poco después en Vilna. En el Padre Sopoćko reconocí esa ayuda de Dios. Le había conocido en una visión interior antes de llegar a Vilna. Un día lo vi en nuestra capilla entre el altar y el confesionario. De repente en mi alma oí
una voz: He aquí la ayuda visible para ti en la tierra.
Él te ayudará cumplir Mi voluntad en la tierra.(Diario, 53)
Hoy podemos disfrutar de los frutos de su camino juntos, y lo que es más, podemos glorificar al Señor por sus vidas en el mismo día, ya que este año recordamos el día del nombre de Sor Faustina y el 50 aniversario del paso del P. Miguel a la Casa del Padre.